10/09/15 - Fuente Cadena de Noticias Vis a Vis - Raghab Ahmed es un joven yazidí de 14 años que hasta hace poco vivió en primera persona el horror al que es sometida su comunidad por el Estado Islámico. En Siria, el niño recibió entrenamiento para convertirse en un asesino y hasta fue obligado, a punta de pistola, a rezar delante de los yihadistas.

Raghab fue secuestrado junto a su familia en agosto del año pasado en el norte de Irak. Después de meses de calvario, el niño, sus padres, su hermano menor Gayat y su hermana lograron escapar con la ayuda de un contrabandista de personas.

“Nos enseñaban cómo usar un arma y matar gente”, reveló el menor de edad, que durante meses formó parte del grupo conocido como “los cachorros del Estado Islámico”.


Incluso los yihadistas entrenan a los menores de edad para que también aprendan a decapitar “infieles”. “Toma la cabeza, tira de ella y corta el cuello”, es la indicación que recibió el niño yazidí en sus entrenamientos con el grupo terrorista.

Raghab formó parte de uno de los videos en los que ISIS mostró a su ejército de menores de edad en la ciudad siria de Raqqa. En la grabación, el niño aparece junto a Abu Walid, un comandante yihadista de nacionalidad saudita, quien estuvo involucrado en el tráfico de esclavas sexuales.


“Vendía y compraba gente… Era una persona desagradable”, señaló el joven yazidí, quien también recordó el día en que fueron secuestrados por el Estado Islámico.

“Juntaron a toda la gente en una escuela del pueblo de Kojo. Hicieron tres grupos. Primero tomaron a los hombres, luego a las mujeres y los últimos a los niños”.

Los hombres fueron asesinados en ese instante, según lo revelado por Raghab. Aunque el joven aclaró que no vio a los yaizidíes muertos, sí aseguró que escuchó los disparos y gritos.

Kamila Hussin, mamá de Raghab, en cambio, declaró a Daily Mail que ella sí fue testigo de la masacre: “Vi cómo se hizo una línea y comenzaron a disparar”.

Después de la matanza, el niño yazidí fue separado de su familia y enviado a la cárcel Badush en Mosul. Luego de 15 días de abusos, fue llevado de nuevo con su madre y sus hermanos en un pueblo cerca de Tal Afar, en el noroeste de Irak, donde permaneció durante tres meses.

Nuevamente Raghab fue separado de su familia y recaló en el Instituto Instituto Farouk, centro ubicado en Raqqa para el entrenamiento de “los cachorros del Califato”.

La rutina en “el campamento del terror” era tortuosa. Los chicos eran obligados a levantarse a las 4 de la mañana para orar, luego, desde las 9 hasta las 12 recibían lecciones sobre la violencia de la yihad y a continuación eran sometidos a fuertes entrenamiento militares hasta las 17.

“Nos enseñaban cómo usar un arma, cargarla, descargarla… no me gustaba disparar, pero me ordenaban hacerlo”, narró el niño yazidí.

Mientras Raghab estaba en el campamento, donde además de recibir lecciones de cómo matar y decapitar personas también le inculcaban odio a su familia; su madre, hermana y hermano menor habían sido trasladados a la provincia de Alepo, donde se alojaban con un emir llamado Abo Aziz.

Después de pagar alrededor de 2500 dólares a un contrabandista, la familia logró escapar a la ciudad siria de Afrin, cerca de la frontera turca, antes de hacerlo al Kurdistán iraquí.
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