Antiguos miembros de pandillas, presos en la cadena de Gotera, levantan las manos durante el culto. (Foto: Victor Peña / El Faro)

17/03/19 - A las nueve en punto de la mañana, los presos más violentos y sanguinarios de El Salvador se reúnen para cantar, alabar e invocar a Cristo ruidosamente a medida que leen la Biblia en el patio de la prisión. En la prisión de San Francisco Gotera en Morazán, cientos de hombres, tatuado de pies a cabeza y bajo fuerte calor, adoran a Dios durante dos horas sin parar, de acuerdo a lo informado por The Christian Post.

En ese ambiente, la palabra de Dios une a 1.600 ex criminales, miembros de pandillas rivales para adorar juntos en la prisión superpoblada. "Nos sentimos libres, cuando Cristo abre su corazón no hay como volver atrás", confiesa Daniel Méndez, un ex miembro de la banda Salvatrucha.

Durante el culto se escuchan canciones entonadas por cientos de hombres reunidos: "Me regocijé, me regocijé, me regocijé, porque el Señor quitó todo mi dolor y me liberó", canta el enorme coral de prisioneros.

Trompetas, guitarras, percusión y un pastor lideran la congregación. La mayoría de ellos tienen tatuajes, muchas de ellas en el rostro, mostrando su antigua fidelidad a algunas de las organizaciones criminales más peligrosas de América Latina. La mayoría fue condenada por homicidio, violación o extorsión.


El pastor que predica la palabra tiene un enorme 18 tatuado en la cara. Es un símbolo de la banda Barrio 18 a la que, en otra época, juró lealtad eterna. Tiene otra en la nuca. Esas son las que se pueden ver en una simple pasada de ojos en una pantalla que incluye una docena de números, calaveras, frases y demonios que recuerdan su pasado.

Ante él están más de 1.600 ex miembros de pandillas, sentados en el suelo, sosteniendo sus Biblias. Ellos están confinados en una prisión diseñada para apenas 200.

Antes los rivales violentos, estos hombres ahora están entregados a Cristo y lo demuestran con saltos, lágrimas, invocaciones al cielo y música, mucha música.